Me pides que te pida.

Todo es tuyo y nada es mío,
pero al mismo tiempo, todo lo tuyo es mío.
Porque todo lo tuyo, me lo has dado a mí,
y lo mío sólo es mío por ti.

¿Cuántas plegarias he lanzado?
¿Cuánto más de lo que ya me has dado te he pedido?
¿No te cansas?
¿No lloras por mi causa?

Porque si me caigo, te pido que me levantes,
y cuando estoy arriba, pido que me tires.
¿Nunca es suficiente?
Quiero más.

Lo tengo todo, y te pido más,
¿por qué me lo sigues dando?
¿Nunca paras?
Me das lo mejor, y lo mejor nunca me basta.

¿Merecemos que nos des tanto?
¿Merecemos que nos des?
¿Soy yo el mejor hijo tuyo?
No he hecho nada para merecerte y aún así te me entregas.

No te amo.
Te escupo y te lloro,
y te clamo y te imploro.
¿Por qué no me olvidas?
¿Por qué no me dejas?

Si algún día me llegaras a quitar todo,
aún lo tengo todo, porque te conocí.
No puedes quitarme eso.
No quieres quitarme eso.

No puedes quitarme lo mejor que me has dado,
porque mi vida, la vivo gracias a ti.
Soy tan pequeño, pero tan gigante en ti.
No te he dado nada, pero me lo has dado todo a mí.

¡Muérete! ¡Muérete por mí!
Si tanto me amas, muere por mí.
Si tanto me amas, habita en mí.
Atrévete a entrar en mí, a vivir en la inmundicia
que he hecho con tu regalo.

Nunca te he visto
y tu has visto todo de mí,
y aún así el que te juzga,
y el que te reta,
soy yo a ti.

Y al final de todo,
me pides que te pida a ti,
porque sólo a ti puedo acudir.
Sólo a ti puedo pedir.

Y me pides que te pida,
porque aunque ya me diste todo,
todo más me puedes dar Tú.
Pide, y se te dará.

No sé que estoy haciendo.

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No sé que estoy haciendo,
cuando te miro así y me desvanezco en ti.
Cuando acaricio el recuerdo de tu alma,
las sonrisas que imprimiste en mi memoria.

Cuando la vida se detiene y lo ves todo atrás,
cuando no sabes donde estás parado y a donde irás.
No se que estoy haciendo,
cuando imploro en mi dolor por la respuesta.

Cuando me tocas, cuando te muestras,
cuando me enseñas que no estoy solo.
Que te tengo a ti.
Que me llamas y no me dejas.

No sé que estoy haciendo,
por que no se que debería estar haciendo.
Por que no puedo ver los pasos que aún no he dado,
no puedo interpretar el silencio que he acomodado.

No puedo ignorarte y no puedo sentirte.
No sé por que.

No sé que estoy haciendo cuando mis lágrimas ya no saben a sal.
Cuando la palmada nunca viene de ti, pero aún así es tuya.
Cuando eres tan real que no te veo,
eres tan invisible que no te escondes.
Y te miro, y te siento,
Y aún así no se que estoy haciendo.

Porque no me hablas y sin embargo lo dices todo.
No me abrazas y aún así me fundo en ti.
¿Será que sabes lo que haces en mí?
¿Será que sabes lo que yo estoy haciendo?

No sé que estoy haciendo
por que tal vez ya lo hice.
Por que he tropezado ahí, y lo volveré a hacer.
He dado ese golpe, y me lo han dado.

Por que todas las maravillas que harás en mí,
ya las hiciste.
Por que por mí viviste, y por mí moriste.

No sé que estoy haciendo,
pero sé que ni siquiera necesito preguntármelo.
Por que el día en que nací, igual estabas ahí,
y el día en que reí, reías ahí.
El día en que lloré, lloraste ahí.

Por que no he caído donde aún no puedas verme,
por que siempre puedes tenerme.
Por que comprendo que lo que hago,
por algo lo estoy haciendo.

Y tal vez, por fin sé, que estoy viviendo.
Y que el día que lo entienda,
sabré que lo que tú estás haciendo,
es lo mejor, y lo único que tengo.

¡Al Instante!

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‘Al instante, dejando las redes, le siguieron’

¿Y cuándo hemos hecho eso nosotros? Los primeros discípulos eran gente normal. Demasiado normal. Tal vez su cultura no era tan buena como la tuya. No eran muy sabios o entendidos. Eran cobardes. Lo negaron, se durmieron cuando tenían que estar despiertos, hacían preguntas francamente idiotas y parecían no entender todo lo que vivían con su maestro. Pero tenían una cualidad: al instante, dejando las redes, lo siguieron. ¿Cuántos podemos presumir ésto?

Debería ser suficiente para nosotros entender que ese Jesús del que hablan las escrituras no buscaba cualidades específicas en sus apóstoles. No escogió a los que más rezaban, ni a los que mejor entendieran su mensaje. Tampoco a los brillantes o sabios de la época. Se dedicó a transformar el corazón de 12 personas que no hicieron nada más que seguirlo.

Que grave es el día de hoy seguir ese llamado de amor. Dar la otra mejilla cuando te golpean una, parece una estúpidez en nuestro tiempo. ¿Perdonar al que no merece tu perdón? ¿No hablar mal de mi prójimo? ¿No criticarlo? ¿Respetar a la mujer y tratarla como hija de un Dios? ¿Hablarle de tú al Padre y mantener una relación con Él? Son cosas que no cuadran en mi mundo. En un mundo donde tengo muchas redes y vivo el día a día para meterlas en el agua. No las voy a dejar nunca, pero eso sí, me siento cristiano sólo por que voy a misa…¡Hipócrita! me diría cierto carpintero que ántes que nada sólamente pidió una cosa: Vengan conmigo.

Que fácil sería que entendiéramos que dejar todo no es un sacrificio para agradarlo, sino una solución para tus malestares. Dejar tu red no es para que sientas orgullo, sino para que te liberes de tu mundo. ¡Sé libre! es lo que te están intentando decir, pero te da miedo quitarte esa red y quitarte esa cadena. Los apóstoles fueron escogidos por que ‘al instante, dejando las redes, le siguieron’. Ojalá nuestra disposición fuera también, al instante.

Un abrazo.Image

¿Me persigues por católico?

¿Por qué me persigues?, ¿pIncendio+Iglesiaorque no pienso como tú?, ¿porque creo en algo distinto?. A mi, que no me canso de pensar que soy igual que tú. Me persigues a mi, que intento hacer de este mundo, un mundo mejor. Me persigues por que creo en algo que tú no. Te burlas de mis principios, consideras obsoletos mis valores, me llamas anticuado, ¿por qué?. No quiero que pienses como yo. No quiero conquistar tu mente. Quiero que seas feliz. ¿No te cansas de tirarme mierda en un mundo donde igual te la tirarán a ti?. ¿Me persigues por creer en un Dios padre que me enseña a amarte aunque yo crea que eres ‘distinto’ que yo?. No lo eres. ¿Por qué no persigues a los que creen en un ‘Dios aire’? ¿Por qué dejas en paz a los que creen en la reencarnación? ¿Por qué no persigues a los que aman el ‘espíritu de los árboles’ y los que creen en ‘el secreto’ del universo?. ¿Me persigues por que no puedo ‘demostrarte’ que mi Dios existe? ¿Porque no persigues a un ateo que no puede demostrarte que no existe?, ¿porque no persigues a los que se han encargado de prostituir el concepto del amor?.

¿Me persigues por que piensas que mi religión humilla a las mujeres?, ¿una religión basada en un Dios que enalteció la dignidad de una nazarena y la hizo madre de su hijo?. Yo no obligo a que las mujeres se tapen la cara, yo intento que no sean vistas como objetos sexuales. ¿Por qué entonces, me persigues? ¿Me persigues por que yo no estudio para hacer dinero? Mi proyecto de vida no tiene nada que ver con el éxito empresarial. No voy a ser exitoso para joderte. Tal vez ni siquiera voy a ganar dinero, pero de igual forma, me persigues.

¿Me persigues porque defiendo la vida? Amo tanto a mis hermanos que quiero que vivan. Amo al hijo que quieres abortar, igual que amo tu felicidad. No tengo el aval de la ONU. No tengo una agenda que ya no quiere que nazcan 50 millones de humanos al año. ¿Me persigues porque profeso una religión donde incluso el asesino más cruel de la historia puede recibir el perdón?. Nunca te voy a cobrar la castidad, ¿entonces por qué no persigues a los que te cobran por un condón?. No te voy a cobrar jamás tu salud, ¿por qué no persigues a los que cobran por darte droga?. ¿Por qué me juzgas si doy limosna?, lo que te cuesta la comida en el restaurante hoy, es más de lo que seguramente yo doy en un año en mi liturgia. ¿Estoy más manipulado que tú? Si ‘pierdo mi tiempo’ una hora, los domingos, ¿las horas que gastamos tú y yo en facebook a la semana nos van a hacer mejor personas?. ¿Me persigues por qué ‘idolatro’ santos? Mis santos no cobran un boleto que se acaba en 1 hora, y no cobran por llenar un estadio de 100’000 personas. A mis santos no les corean sus nombres en un partido de fútbol, ni les pagan una millonada a la semana. Mi Dios fue un carpintero pobre, no un tipo con capa dorada que destruía a los malhechores.

Tal vez, la culpa es mía. Tal vez me persigues, porque soy más arrogante que tú muchas veces. Porque me gusta restregarte que yo tengo la verdad. Porque muchas veces, no profeso lo que digo. Porque a veces te veo para abajo. Porque hay personas dentro de mi religión, que manchamos su nombre. Porque comúnmente, ni siquiera yo se lo que creo. Me persigues por que soy bastante ignorante. Porque miras palacios lujosos y no puedes creer que sigamos al carpintero ese. Tal vez te defiendo por que hay lugares donde catequizan más con miedo que con amor. Hay lugares donde le dan más valor al pecado que a la misericordia de mi Dios. Hay lugares donde te juzgan. Tal vez me persigues por que no podemos ver todo. Por que un sacerdote que desgasta su vida para alimentar a un enfermo de SIDA en África no es noticia. Es algo que tal vez tú jamás harías, pero no es noticia. Una mamá que destruye sus sueños para salvar a su familia por su fe no es noticia. Es noticia el que viola niños, aunque la estadística que conoces no tiene nada que ver con la realidad. Es noticia el que sale en autos lujosos, aunque haya mil detrás de él que caminen en sandalias.

No quiero que dejes de perseguirme. Mi religión sobrevivió toda clase de persecuciones ya. Te tolero. Te respeto. Y de hecho creo, que seguramente eres mejor persona que yo. Tal vez yo estoy de este lado, por que de otra forma sería oscuridad. Tal vez no necesitas creer en lo mismo que yo, pero lo único que te pediría, es que hoy, te plantearas la siguiente pregunta: ¿Por qué me persigues?, ¿tienes una buena razón?. ¿No te gustaría profesar la tolerancia que pides hacia tu persona?, ¿no te gustaría no juzgar a los demás?, ¿no te gustaría vivir en libertad?. Yo no estoy atado a las ‘reglas sociales’ de este mundo, y quisiera que tú tampoco. No para mi bien, sino para el tuyo. Quiero ser feliz, pero de nada me sirve serlo solo. Quiero amar contigo. ¿eres ateo? no me importa. ¿budista, agnóstico, protestante, mormón, o testigo de Jehová? no me importa. Yo, al igual que tú, me voy a morir. Yo al igual que tú, creo en algo y defino mi vida bajo esa creencia. Yo soy igual que tú, por que yo soy universal. Yo soy católico.

Si tú, y yo, lo entendiéramos, otra cosa sería.

¿Para qué eres católico?

¿Para irte al cielo? Ja.
¿Cuánto has luchado hoy?. ¿Cuántas veces has visto al tipo de la esquina pidiendo dinero, y te vale madres? Eso no es catolicismo. ¿Cuántas veces has visto a tus amigos drogarse y te vale?. ¿Cuántas veces te has acostumbrado a sentarte en tu casa mientras tu familia se desmorona?.

Ser católico no es imponer tu creencia en otro. Es abrazar en tu creencia al otro. Es entender que le debes tu vida al otro, entender que vas a servir al albañil de enfrente de tu casa. Perdonar al narco. Hablar con la señora del aseo y darle un beso de buenos días.    Hablarle a la gente por su nombre, no por su cargo. ¿Y ya no es tan fácil verdad?
Ser católico no es seguir un rito y pensar que con eso te ‘ganaste’ el cielo. Es mancharse con el lodo que tanto asco te da.

No seas católico para ganarte el cielo. Ser católico es convertir tu espacio personal en el cielo para los demás. En tolerancia. En respeto. En felicidad. No puedes pasarte la vida pensando que todo lo haces para un Dios al que te arrodillas en las misas, pero al que le escupes cuando insultas a otro ser humano. Cuando criticas. Cuando juzgas. Cuando te crees superior.

No seas católico para cuidar tu vida, desgástala en amor a los demás. Cánsate de amar, cánsate de perdonar, cánsate de dar segundas, terceras y cuartas oportunidades, cánsate de confiar en los demás. Y ese día que te canses, pregúntate a ti mismo si ya te cansaste más que un tipo que hace dos mil años arrastró una cruz, fue humillado, golpeado y clavado en una cruz desnudo. Y todo, injustamente.

¿A qué le tiras en tu vida siendo católico?. ¿Hablar bonito con los demás pero ser un asco de persona en tu casa? ¿A juzgar lo que está bien y mal en el mundo?. Quieres caminar sobre las aguas antes de ser capaz de regalarle un dulce al niño que trabaja en el semáforo.

¿A qué le tiras cuando vas a misa? Con la hueva más grande que has sentido. Criticando al padre. Criticando a la gente que da limosna. Criticando al tipo de enfrente y al de atrás por que no se arrodilló cuando tenía que hacerlo. ¿A eso le tiras?

Pero no te deprimas, por que a eso le tiramos todos. Por que tal vez te juzgas más duro de lo que Dios te juzga. Tal vez no has entendido toda la idea de que le rezas a un ‘padre’, no a un ‘señor’ que ni conoces. Tal vez no has entendido que si tú eres capaz de perdonar a tus hijos, ¿qué tanto más te va a perdonar el padre que conoce tanto tu corazón?

Hoy es viernes y te invito a que seas por un día, lo más católico que puedas. En donde estés. En el gimnasio, en el bar, en el antro, en el face, en el prostíbulo o en la sala de tu casa. Guarda 5 pesos para el tipo que te cuido el carro y pregúntale su nombre. Dale la mano al cadenero de la entrada. Invítale una cerveza al mesero. Cuéntale un chiste al gasolinero. Has lo que quieras, pero no te olvides que tu catolicismo no es 1 hora a la semana, por que así tengas 10 o 70 años, si sigues siendo capaz de despreciar a los demás, no has sido católico ni un día de tu vida.

Si sueñas con un mundo mejor no eres católico. El católico lucha por un mundo mejor.

Por que al final, te vuelvo a preguntar ¿para qué eres católico?
Si puedes hacer feliz a otra persona, sea quien sea, tal vez ya respondiste tu pregunta.

catolicos

¿Vas a trabajar, Francisco?

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¿Quién eres tú, Francisco I? ¿Por qué me sorprende tanto verte? ¿Por qué es tanta la expectativa a tu alrdedor? ¿Qué es lo que vas a hacer? ¿Vas a trabajar?

Todas las mañanas, cuando llevo a mi hermana a la escuela, rezamos un Padrenuestro y luego un Ave María. No conozco muchas más oraciones, y de hecho, son esas las que más nos gustan, por su sencillez y su universalidad. Las puede rezar cualquiera.
Por eso, hoy que estaba en mi casa, viendo al nuevo Papa, sentí algo muy extraño cuando escogió rezar exactamente lo que yo, y millones de católicos rezamos a diario. Sentí algo muy extraño cuando me di cuenta que el nuevo Papa me estaba haciendo orar, no sólo gritar o vitorear su nombre. Sentí algo muy extraño cuando me pidió que yo, lo bendijera y pidiera por él, al igual que mis demás hermanos, antes incluso de darme la bendición. Sentí algo muy extraño al verlo salir sin tantos adornos, sencillo, con gestos no de celebridad, sino de siervo. Con una sonrisa que esconde tantos años de trabajo.
Y vaya, que hoy, sentí que a mis 23 años, cuanto me hace falta trabajar.

Bienvenido Francisco, a una Iglesia que está en crisis, pero que lo ha estado desde el primer día que fue instituida y que lo estará hasta el día que se termine el mundo. Bienvenido a un mundo que te atacará, lleno de gente que no piensa como tú, y gente que odia lo que tu crees. Bienvenido a un pueblo que te juzgará, inclusive dentro de tu misma casa. Bienvenido al trabajo.

Hoy Francisco, quiero trabajar contigo. Quiero seguir tu ejemplo, quiero quitarme mis adornos y salir por el balcón a servir a la gente. Quiero lanzarle una sonrisa al mundo. A los que esperan mucho de mí, poco, o nada, quiero servirlos a todos. A los que no opinan como yo, quiero servirlos. A los que he lastimado o lastimaré, quiero servirlos. Quiero trabajar contigo desde mi hogar, en las cosas que puedo hacer desde hoy. No quiero imponer mi opinión religiosa, quiero compartir la verdad: que todos somos hermanos. Que el amor, nos ama. Que ese amor es un Padre.

Hoy Francisco, quiero ser el último en la fila. Quiero ser el del último lugar del estacionamiento, y el último en servirse de comer. Quiero poder superar mis miedos y vencer mis malos hábitos, pero además quiero pasar desapercibido. Quiero que la gente se de cuenta que mi Iglesia no está para conquistar al mundo, sino para servirle. Quiero que Evangelizar a todos los pueblos, se traduzca en caridad para todas las naciones.

Y se que tú trabajarás conmigo. Se que no estoy sólo porque el representante de mi Iglesia se despertará todos los días muy temprano para trabajar. Se que orarás y contemplaras, y al mismo tiempo actuarás. Se que te haces de cocinar todos los días. Se que viajabas en metro en tu país. Se que naciste de padres humildes. Y se que no flaquearás. Se que te atacaran, igual que todos los días nos ataca nuestra pena cuando decimos ante un público tan tímidamente: ‘somos católicos’.

Hoy salgo de ese balcón y le grito al mundo que soy católico, no porque quiera presumirlo, y tampoco porque quiera demostrar un punto. Lo hago porque el mundo necesita que me deje de dar pena decir que voy a servirlo. Me acordaré que soy católico la próxima vez que me de flojera hacer mi trabajo. La próxima vez que quiera mentirle a un cliente. La próxima vez que quiera copiar en un examen. Me acordaré también cuando en una fiesta ofrezcan droga, esa que a tantas familias destruye. Me acordaré el día que me asalten, o me secuestren y tenga que perdonar a los que me ofenden. Me acordaré el día que me insulten o critiquen y tenga que preocuparme por ellos. Me acordaré que soy católico el día que ya no quiera ver a mi familia, o el día que prefiera divertirme en lugar de ir a un evento de mi hermana. Me acordaré que existes tú Francisco, como tantos antes de ti, que también tuvieron que luchar contra si mismos. Que también tuvieron que aguantar tanto. Que también tuvieron que trabajar tanto.
Hoy salgo de ese clóset en el que vivo cada que me da pena compartir un estado de facebook donde se mencione a Dios. Hoy salgo de esa ignorancia tan palpable en mi vida donde no conozco nada de mi religión. Hoy me doy cuenta que no soy católico porque sea el mejor. Hoy me acuerdo que Jesús vino a sentarse con prostitutas e hipócritas y por eso mismo está sentado en mi vida.

Hoy Francisco, te agradezco por aceptar el papado, te agradezco que te rieras. Te agradezco que salieras tan humilde, que te inclinaras para ser bendecido por tus fieles. Te agradezco que recordaras al Papa pasado. Te agradezco que hables mi idioma, y que te guste el fútbol. Te agradezco que hoy, me hayas puesto a rezar un Padrenuestro y un Ave María. Porque así de sencillo, hoy me has abierto los ojos.

Francisco, a partir de hoy, yo trabajaré contigo.

Un Dios de oro contra uno de madera.

Screen shot 2013-02-26 at 11.08.01 PMDurante los 23 años que llevo de vida, me han enseñado a agradecer a Dios, por todas las cosas que me ha dado. Gracias por mi familia, por mi situación económica, por mi escuela, por la comida, por la gente que me hace el bien, por mis maestros. Pero, creo, que la mayoría de las veces, no he aprendido a ver realmente la causa de todo eso. Tal vez no se dar las gracias. O tal vez se las doy a un dios que no las merece. Por que, mientras a mi me ha dado mucho, vivo en un país donde a otros ‘no les da’. ¿Es esa la voluntad de Dios?. ¿Es ese, Dios?.

Me encanta remitirme, a mi concepto básico de Dios, (aprendido y reforzado por mis alumnos de primero de primaria), y ese concepto me dicta que Dios, es amor. Un amor que me lo ha dado todo, pero no me da lo que no necesito. Un amor que tampoco da a unos sí, y a otros no. Un amor que da, al que da amor. Pero no porque es un amor que es justo sólo con los que son justos, sino un Dios ‘reactivo’. Un Dios que parece más una planta que germina, que el Señor dador de bienes que tantas veces he visto, al que tantas veces le he rezado. El amor es justo, pero no en una justicia ‘humana’. No necesita pretextos para amar, ni excusas para perdonar. El amor, ama. Punto.

Y es ese amor el que me da las cosas. Dios existe en toda su creación, y no depende del amor que unos den y otros no para seguir existiendo, sin embargo, Dios no se refleja en las vacas, o en las montañas, o en los atardeceres.  Dios se refleja en amor. Y el amor sólo puede ser reflejado por humanos, aunque suene triste para los que viven ‘enamorados’ de su mascota. Un perro me quiere, siempre y cuando le dé comida, el día que se la deje de dar por 5 días, otra historia será. No me perdonará, ni me dirá “no te preocupes, te comprendo”, su instinto lo hará reaccionar. Y esa es la diferencia básica entre la naturaleza y Dios. Dios no es la naturaleza. Más bien, la naturaleza es una reacción de ese amor, sin llegar a ser amor mismo. Ese es el pecado original del que tanto habla la Iglesia: ser naturalmente (y únicamente) humano.

Yo he recibido muchas cosas, pero tengo que aprender a diferenciar lo que me ha dado Dios, y lo que me da la naturaleza. Una delgada línea teológica que puede ser derrumbada en medida que pongamos a Dios como autor de esa naturaleza. Pero es distinto. La naturaleza tiene un fin en concreto, del cual pocos trascienden. La naturaleza puede herir, y provocar mal. Dios, no. La naturaleza le dicta a mi cuerpo que cuando me machuque un dedo, tengo que llorar. No es Dios. La naturaleza le dicta a mi pensamiento que tengo que sobrevivir en el mundo, aplastar a los demás, escalar en la cadena alimenticia. No Dios. Pero, entonces, ¿para qué hizo Dios la naturaleza así?. Algo me lleva a pensar, que esa limitación natural, y lucha de supervivencia, libre de hacer el bien y el mal, es lo que justamente le da cabida a Dios. Ese amor no podría moverse, si no tuviera en que moverse, y ese cauce es la naturaleza. Como un río desbordado donde una barca tendría que navegar, así es Dios. Siendo Dios la barca, y su naturaleza el río. Porque la barca no podría navegar en la nada, ni tendría sentido que existiera para no llegar a ningún lado. Pero el amor es libre (de la misma forma que Dios es libre) y por lo mismo las decisiones tomadas con, o en ausencia, de ese amor, son lo que forjan no a Dios, sino a su presencia en nosotros. Me explico: Dios, está fuera de la naturaleza y dentro de ella, pero más importantemente, actúa en ella. Y por lo mismo, me niego a creer, que esos bienes, y esos dones, son un momento de arbitrariedad de ese ‘Dios’ que sin nada que hacer, se pone a inventar historias para sus juguetitos. Y a unos los pone en un lugar, y a otros en otro lugar. Y a unos les da armas y a otros rosas. Dios no ha sido el autor de las catástrofes más grandes de la humanidad. Hemos sido nosotros (y muchas, en nombre de ese Dios). En esa libertad en la que sólo el amor puede moverse, ahí es donde también puede uno caerse del barco.

Dios me ha dado dones, me ha dado talentos, pero ¿cómo?. A unos ¿les da más que a otros?. No. Somos nosotros los que limitamos o dejamos de limitar como ese amor actúa en nosotros. Por ejemplo: mi familia. Aquí es donde presumo que tengo una familia funcional con unos padres que llevan 25 años de casados. Obviamente, no es la familia perfecta. Pero lo que soy yo, es un fiel reflejo de lo que me ha dado esa familia, con todo y mis imperfecciones. ¿Dios me dio esa familia? Claro. Pero no como tal vez la mayoría cree. 
Tal vez algunos creen que en el plan de Dios ya estaba establecida mi familia, pero creer eso significaría creer que todas las familias disfuncionales, divorciadas y demás, también son plan de Dios. Y no busco aquí querer entender la mente de Dios…pero si creo en un Dios Padre, que además ama, no puedo creer en un Señor dador de talentos que reparte a unos sí, y a otros no (y bastaría con revisar la parábola de los talentos, tan mal entendida por nosotros). No puedo creer en un amor que escribe y predestina los corazones de los hombres librándolos de la libertad. 
Mis papás decidieron formar una familia con base a ese Dios. Mis padres decidieron fundamentar su matrimonio en amor. En verdadero amor, no en enamoramiento. En ese amor donde uno puede discutir, pelearse, gritarse, pero al final del día perdonarse. Ese amor que no busca tener la razón, sino amar, que busca servir. Mis dos padres fueron libres de decidir fundar esa familia en ese amor, o no. Y ojo, pudieron no hacerlo. A eso me refiero con un Dios ‘reactivo’, las gracias obviamente se las tengo que dar a ese amor (y en ese sentido se las doy a Dios), pero también a mis padres que en su libertad decidieron tenerme y educarme. ¿Hasta qué punto se mueve Dios en esa libertad? Sin lugar a dudas, en su dimensión absoluta y divina. La libertad de amar de mis padres, es el reflejo de Dios. No de una parte de Él, ni de un estado de Él, sino de Él mismo. Si yo decido casarme, y dejar a mi esposa antes de tener a mi hijo, sin lugar a dudas el que está predestinando al hijo soy yo, no Dios. El que está rechazando ese amor soy yo, no Dios.

Cuando doy gracias, tengo que entender que no por reconocer la libertad que tengo de caer, hago menos a Dios. Cuando doy gracias, tengo que entender que ese ‘pan de cada día’ es el amor que me libera de la esclavitud natural. Es lo que dimensiona mi persona. No soy una hormiga insignificante para ese Dios, soy la barca donde puede habitar su amor. No soy un esclavo de Dios, y (aquí viene la polémica) tampoco soy simplemente un siervo. No quiero caer en la arrogancia, pero soy un instrumento que puede usar y ser parte de ese amor, y por eso mismo tengo una dignidad divina, al igual que cualquier ser humano. No soy instrumento para trascender, sino para servir. No soy el tenedor de oro en el que come el Señor, sino el plato de madera que sirve a los demás. Pero no dejo de serlo. A diferencia de un plato, podría elegir no serlo. Ahí es donde reside el amor. 

La próxima vez que de gracias a Dios por todo lo que me pasa, tengo que entender que lo que pasa es la naturaleza misma de las cosas. El tiempo es natural. El bien es natural. El mal es natural. Si me asaltan mañana, es natural. Si me saco 4 en un examen es natural. Si a mi padre lo ascienden en su trabajo también es natural. Pero el amor es lo divino. El amor existe en el tiempo y al mismo tiempo es atemporal. Por eso el amor, con voluntad propia, es sabio. Todo lo que pasa en la naturaleza, puede ser transformado a amor. El amor puede existir en el bien, puede darle sentido al mal, puede curar una herida, o darle significado al dolor. El amor puede construir, nunca destruir. Puede guiar la barca a través de aguas temblorosas o de aguas pasivas. Pero esa barca sólo guía, al que de verdad quiere amar. Ahí es donde tengo que agradecer. Tengo que agradecer que mis padres me enseñaron eso. Que mis abuelos les enseñaron eso. Que los bisabuelos, y así sucesivamente les enseñaron eso. Tengo que agradecer que esto lo conozco porque hace 2’000 años, una persona se puso a predicar eso mismo. A amar de verdad, hasta dar la vida por alguien más. A entender que en lo más humano del humano, reside lo divino. No en oro ni en cosas doradas, o en representaciones de ángeles con aureolas, sino en los pequeños actos donde el amor se deja transportar. Agradezco también que ese amor sea representado en cosas tan sencillas como un carpintero pobre, o una catedral majestuosa. Por que a final de cuentas, eso no deja de ser natural. El oro es igual de valioso que la madera para ese amor, el oro y la madera son naturaleza misma. Pero el amor, puede ser transportada en cualquiera de las dos. El amor puede ser expresado en un sacerdote viviendo sólo en el Congo, salvando almas. Y también puede habitar en un arzobispo, viviendo en el clero y predicando amor desde un púlpito de oro. Porque el único que puede juzgar al amor, es el amor mismo. Y puede habitar donde sea. No todos estamos llamados a tener chozas de madera o vivir en catedrales monstruosas, porque tanto la choza de madera, como la catedral inmensa, son una reacción a las decisiones tomadas por los mismos humanos. No por Dios. No fue Dios el que creo la Capilla Sixtina, como tampoco fue el que decidió que hubiera pobres en mi país. Fuimos nosotros en nuestra libertad. Pero también somos nosotros los que le dictaremos a ese Dios si quiere habitar en una pequeña choza, o en la Capilla Sixtina. Por que a final de cuentas, no es eso lo que a Dios le importa. El amor no se mide por tamaño. No se mide por moneda. Se mide por el mismo amor, y eso, sólo Dios lo sabe.
Le doy gracias a ese amor, por amarme. Igual de especial que a cualquiera, igual de único que a cualquiera. Ahí reside la ironía. Un amor que ama a uno, y a siete mil millones como a uno. Un amor que vive en oro, y en madera, siempre y cuando se ame.

¡Siempre renuncias, Benedicto!

Easter Vigil Is Held In The Vatican BasilicaLa verdadera causa de la renuncia del Papa.

Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “Osea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”

El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.

Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. 

Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.

Así de sencillo.

El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.

Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. 

Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.

Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.

Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.

Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.

Sólo quiero pedir mi más humilde y sincera disculpa, si alguien se sintió ofendido o insultado con mi artículo. Considero a cada uno (mormones, homosexuales, ateos y abortistas) como un hermano mío, ni más, ni menos. Sonrían, que vale la pena ser feliz.

Vídeo

Funeral Canticle, del maestro John Tavener.

“What earthly sweetness remaineth unmixed with grief? what glory standeth immutable on earth? all things are but shadows most feeble, but most deluding dreams: yet one moment only, and death shall supplant them all, but in the light of thy countenance, O Christ, and in the sweetness of why beauty, give rest to him whom Thou hast chosen, because Thou lovest mankind.”

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